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Repercusiones en la legislación hídrica de Provincia de Santa Fe, Argentina

virginiamariachiesa

A lo largo del presente trabajo intentaré abordar los aspectos más relevantes del paradigma del desarrollo sustentable y sus repercusiones en la legislación hídrica de la Provincia de Santa Fe.

Al respecto, la reforma de nuestra Constitución Nacional del año 1994 en el 1er. párrafo del artículo 41 consagra el referenciado paradigma el cual viene a condicionar inevitablemente el derecho de aguas vigente en la Provincia de Santa Fe y por tal motivo nos abocaremos a estudiar los avances normativos operados en la citada jurisdicción desde tal fecha.

 

Introducción.

Movimiento ambientalista y su repercusión en la gestión sustentable de los recursos hídricos.

La preocupación por el impacto del hombre en la naturaleza y en la salud ha tenido lugar desde el inicio mismo de la civilización, el hecho de que ciertas sociedades antiguas tuvieran una gran consideración respecto de sus desechos cloacales es un claro ejemplo de ello. Podemos encontrar una gran cantidad de ejemplos de preocupación ambiental en la historia de la humanidad como así también numerosos casos en los cuales la falta de previsión llevó a la desaparición de ciudades enteras y a muertes innecesarias, tal es así que para un poblado ubicado al borde de un río mantener las aguas en buenas condiciones es esencial para su supervivencia.

Con la Revolución Industrial se comenzó a producir a gran escala y con maquinarias cada vez más complejas, de esta forma se generó más contaminación en torno a las fábricas y en consecuencia nuevas enfermedades aparecieron. La gente comprendía que algo malo pasaba y suponía que tenía que ver con los desechos industriales, pero creía que era parte de lo que le tocaba “sufrir para progresar".

Recién en la década del '60 comienza a surgir una conciencia ambiental a escala global, donde muchos jóvenes comenzaron a replantearse algunas cosas que la sociedad les imponía y a preguntarse si eso era lo que querían para su comunidad o si tenían derecho a envenenar el agua, el aire y el suelo y algunos de ellos buscaron un mayor contacto con la naturaleza, vieron que se estaba degradando y comenzaron a protegerla.

En la década del ’70 el movimiento ambientalista se tornó más activo y radical, la gente ya no se limitaba a esperar cambios sino que salía a buscarlos, protestaba, marchaba, reclamaba y así nacieron organizaciones como Greenpeace y Amigos de la Tierra, ambas combativas y enérgicas defensoras del ambiente. La población mundial comenzó a pedir a sus gobernantes que tomen medidas para revertir la degradación del planeta y estas presiones fueron dando sus frutos. Así fue como se establecieron organismos de regulación y fiscalización ambientales, tales como Agencias, Ministerios y Secretarías entre otros, con el objetivo de elaborar la legislación pertinente y luego poder verificar su cumplimiento. Aquellos fueron años estrictos en los países del Norte donde las industrias debieron comenzar a producir contaminando lo menos posible, ya que la comisión de algún acto irresponsable era causa de multas, cierres de fábricas e incluso de encarcelamiento. El problema entonces se presentó cuando muchas empresas debieron cerrar sus puertas y esto tampoco fue bueno para el ambiente, hubo menos contaminación industrial pero muchas personas perdieron sus empleos y el desempleo llevó muchas veces a la pobreza y ésta a la contaminación.

Decimos entonces que la década del '70 fue muy positiva porque se elaboró una base, se sancionaron leyes y se tomó conciencia respecto de que el control trae sus beneficios. Por su parte también se inició un nuevo comienzo orientado a buscar un equilibrio entre los beneficios ambientales, económicos y sociales con el fin de hacer posible que la humanidad, el ambiente y el modelo de producción imperante convivan en armonía.

Este nuevo camino se vio acelerado con la tragedia de Chernobyl, un accidente nuclear que ocurrió en abril del año 1986 y que terminó en una enorme explosión. Como consecuencia de la catástrofe la cantidad de material radioactivo que fue liberado a la atmósfera superó unas 500 veces el liberado por la bomba atómica arrojada en Hiroshima en el año 1945 (Ezcurra de de Larrechea, 2009). Asimismo se calcula que unas 135.000 personas fueron evacuadas y que la nube radiactiva viajó rápidamente hacia otras regiones estimándose que 26 países y 15 millones de personas han sido víctimas directas o indirectas del desastre.

Al año siguiente, en 1987 se publicó el Informe “Nuestro Futuro Común” también conocido como “Informe Brundtland” presentado por la Comisión Mundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo cuyo propósito fue encontrar los medios prácticos para revertir los problemas ambientales y de desarrollo del mundo. Para su elaboración se destinaron tres años a audiencias públicas y se recibieron más de 500 comentarios escritos que fueron analizados por científicos y políticos provenientes de 21 países y de distintas ideologías, el trabajo de tantas personas con historia y culturas diferentes hizo posible que el resultado fuera más completo de lo que cualquiera de ellos hubiera conseguido individualmente.