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Armero, Colombia

Armero, Colombia, 1985
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On 13 November 1985, an avalanche caused by the eruption of the Nevado del Ruíz Volcano devastated the population of Armero, in the province of Tolima. The intense heat produced by the eruption melted the snowpack accumulated at the mountain peak, and millions of cubic meters of water, mud, and volcanic ash entombed Armero. An estimated 60 million tons of mud were deposited on the town. The event left a toll of some 22 000 dead, more than 20 000 injured, almost 4400 homes destroyed, 19 bridges destroyed and millions of dollars in losses. It is the largest-scale tragedy of natural origins in the history of Colombia. Beginning a year earlier, the Nevado de Ruíz had begun emitting fumaroles, a clear danger signal; nonetheless no preventative measures were taken. The lack of coordination between national, regional, and local authorities; the poor transmission of the emergency and evacuation messages; logistical and technical problems, and the desire of those affected to not abandon the area created a tragedy of unprecedented proportions. In 1986, Pope John Paul II declared the area holy ground.

El 13 de noviembre de 1985, una avalancha, ocasionada por la erupción del volcán Nevado del Ruíz arrasó con la población de Armero, en el departamento de Tolima. El intenso calor producto de la erupción derritió la nieve acumulada en la cima y millones de metros cúbicos de agua, barro y ceniza volcánica sepultaron Armero. Se estima que cerca de 60 millones de toneladas de lodo fueron depositadas sobre el pueblo. El evento dejó un saldo aproximado de 22 000 personas fallecidas, más de 20 000 damnificados, cerca de 4 400 viviendas destruidas, 19 puentes derrumbados y millones de dólares en pérdidas. Ha sido la tragedia de origen natural de mayor magnitud en la historia de Colombia. Un año antes, el Nevado del Ruiz venía presentando fumarolas, una clara señal de amenaza; sin embargo no se tomaron medidas preventivas. La falta de coordinación entre las autoridades nacionales, regionales y locales; la mala transmisión del mensaje de emergencia y evacuación; los problemas de orden técnico y la propia voluntad de los afectados de no abandonar el pueblo hicieron de ésta, una tragedia sin precedentes. En 1986, el papa Juan Pablo II declaró la zona, campo santo.